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sábado, 2 de mayo de 2009

Velad


El camino auténtico de la vida es un recorrido que nos despierta del sueño, que nos invita a salir de la noche, que nos abre a la gracia de la luz.

En efecto, “estar despiertos” es un objetivo a lograr, porque la mayoría de nosotros “dormimos despiertos”, “vivimos una vida soñolienta”, hecha de sueños románticos, expectativas, proyecciones, juicios, idealizaciones.

El tiempo pascual, que estamos viviendo, nos invita a: “ser personas despiertas, personas resucitadas”.

María es una mujer vigilante que nos educa a estar despiertos, atentos y prontos para acoger la luz y la gracia de Cristo el Señor.

Despiértate aurora
que tengo necesidad de ti.

Ábrete, corazón mío,
Hacia el alba que te dará.
Las nubes se esclarecerán,
Las tinieblas desaparecerán,

La noche cede ya el paso y
he aquí que ya está llegando.

Es el nuevo día con la fuerza de una vida
que nace y en todo su entorno

resplandecerá aquella
luz que hay en ti.

Estar despiertos significa estar, en el aquí y ahora, atentos, perceptivos, sensibles, abiertos a ver, sentir, oír, tocar, conocer, estar en pie ante la gracia del momento presente, más allá de toda somnolencia, más allá de toda tentación de una existencia arrastrada, sin convicciones ni pasiones.

Pero quien ama vigila bien.

Vigilar es “velar”-

Vigilar es “estar: en, con, para el otro”

Vigilar es propio del amor.

Cuando se ama una persona, el corazón vigila siempre para atenderla, y todo minuto que se pasa sin ella, es en función de ella.

Así obra una esposa amorosa cuando trabaja, o prepara lo que pueda servir a su esposo ausente: lo hace todo en vistas a él.

Así obra una mamá, cuando de noche, aún descansando, está atenta al lloro y a la queja del hijo.

Así hace el joven enamorado cuando espera ansioso la persona amada.

Así obrar quien ama a Jesús.

Lo hace todo en función de Él, que encuentra en las pequeñas manifestaciones de su voluntad, en todo instante, y encontrará solemnemente en el día en que vendrá.

Vigilancia dice que la vida no es sólo un pacífico sucederse de actos.

Es una lucha.

Y las tentaciones más varias, como las sexuales, las de la vanidad, del apego al dinero, de la violencia, son los primeros enemigos.

Estar vigilantes es no dejarse trastornar por las olas de la fuerza del mal, para recorrer los caminos de la luz: un estilo de vida sobrio y solidario; relaciones afectivas, sinceras y puras; un empeño con esto en el estudio y en el trabajo; el interés profundo por el bien común.

Vigilar es no tener miedo de aparecer diferente y de venir criticados por aquello que puede parecer perdedor o fuera de moda.

María nos ayuda a estar “despiertos para Dios”.

Combatiendo los falsos ideales de nuestro tiempo.

Siendo siervos de Cristo en la verdad y en el amor.

A través de su corazón entramos en el misterio de la vida divina, de la vida eterna, que es la única capaz de apagar la sed de infinito y de felicidad que habita nuestro espíritu.

María reza e intercede para que nos convirtamos a su Hijo y nos orientemos a la luz de la gracia pascual.

María nos anima a estar despiertos, a no ceder en la tentación de fáciles evasiones, a afrontar la realidad, con sus problemas, con coraje y responsabilidad, a rriesgarlo todo sobre la Palabra del Señor, a ser “centinelas de la mañana: Estar en guardia de cara a todo ataque y amenaza del mal, a estar en pie delante de las corrientes impetuosas de las ideologías y de las mentiras, a estar de pie con el empeño del bien, sin cobardías ni abandonos, estar firmes en la fidelidad a Dios y a su querer.

Estar es hacer vital un personal, luminoso, servicial y creíble: ADSUM!

Don Pier Luigi Cameroni



viernes, 1 de mayo de 2009

1º de mayo - San José, Obrero

San José, Obrero
Imagen de Ntra. Sra. de La Rábida

Fiesta instituida por Pío XII el 1 de mayo de 1955, para que —como dijo el mismo Pío XII a los obreros reunidos aquel día en la Plaza de San Pedro — «el humilde obrero de Nazaret, además de encarnar delante de Dios y de la Iglesia la dignidad del obrero manual, sea también el próvido guardián de vosotros y de vuestras familias». —

San José, descendiente de reyes, entre los que se cuenta David, el más famoso y popular de los héroes de Israel, pertenece también a otra dinastía, que permaneciendo a través de los siglos, se extiende por todo el mundo. Es la de aquellos hombres que con su trabajo manual van haciendo realidad lo que antes era sólo pura idea, y de los que el cuerpo social no puede prescindir en absoluto. Pues si bien es cierto que a la sociedad le son necesarios los intelectuales para idear, no lo es menos que, para realizar, le son del todo imprescindibles los obreros. De lo contrario, ¿cómo podría disfrutar la colectividad del bienestar, si le faltasen manos para ejecutar lo que la cabeza ha pensado? Y los obreros son estas manos que, aun a través de servicios humildes, influyen grandemente en el desarrollo de la vida social. Indudablemente que José también dejaría sentir, en la vida de su pequeña ciudad, la benéfica influencia social de su trabajo.

Sólo Nazaret —la ciudad humilde y desacreditada, hasta el punto que la gente se preguntaba: « ¿De Nazaret puede salir alguna cosa buena?»— es la que podría explicarnos toda la trascendencia de la labor desarrollada por José en su pequeño taller de carpintero, mientras Jesús, a su lado, «crecía en sabiduría, en estatura y en gracia delante de Dios y de los hombres».

En efecto, allí, en aquel pequeño poblado situado en las últimas estribaciones de los montes de Galilea, residió aquella familia excelsa, cuando pasado ya el peligro había podido volver de su destierro en Egipto. Y allí es donde José, viviendo en parte en un taller de carpintero y en parte en una casita semiexcavada en la ladera del monte, desarrolla su función de cabeza de familia. Como todo obrero, debe mantener a los suyos con el trabajo de sus manos: toda su fortuna está radicada en su brazo, y la reputación de que goza está integrada por su probidad ejemplar y por el prestigio alcanzado en el ejercicio de su oficio.

Es este oficio el que le hace ocupar un lugar imprescindible en el pueblo, y a través del mismo influye en la vida de aquella pequeña comunidad. Todos le conocen y a él deben acudir cuando necesitan que la madera sea transformada en objetos útiles para sus necesidades. Seguramente que su vida no sería fácil; las herramientas, con toda su tosquedad primitiva, exigirían de José una destreza capaz de superar todas las deficiencias de medios técnicos; sus manos encallecidas estarían acostumbradas al trabajo rudo y a los golpes, imposibles de evitar a veces. Habiendo de alternar constantemente con la gente por quien trabajaba, tendría un trato sencillo, asequible para todos. Su taller se nos antoja que debía de ser un punto de reunión para los hombres —al menos algunos— de Nazaret, que al terminar la jornada se encontrarían allí para charlar de sus cosas.

José, el varón justo, está totalmente compenetrado con sus conciudadanos. Éstos aprecian, en su justo valor, a aquel carpintero sencillo y eficiente. Aun después de muerto, cuando Jesús ya se ha lanzado a predicar la Buena Nueva, le recordarán con afecto: « ¿Acaso no es éste el hijo de José, el carpintero?», se preguntaban los que habían oído a Jesús, maravillados de su sabiduría. Y, efectivamente, era el mismo Jesús; pero José ya no estaba allí. Él ya había cumplido su misión, dando al mundo su testimonio de buen obrero. Por eso la Iglesia ha querido ofrecer a todos los obreros este espectáculo de santidad, proclamándole solemnemente Patrón de los mismos, para que en adelante el casto esposo de María, el trabajador humilde, silencioso y justo de Nazaret, sea para todos los obreros del mundo, especial protector ante Dios, y escudo para tutela y defensa en las penalidades y en los riesgos del trabajo.



El 15 de agosto de 1889, el Papa León XIII escribió una encíclica, "Quamquam Pluries", presentando a San José como modelo de la vida familiar y de la vida de trabajo, y patrono de la Iglesia universal. En tiempos de crisis social y decaimiento religioso, el Papa pidió a los fieles que invocaran a San José juntamente con la Virgen María. Dejó una oración al Santo que aun cien años después se sigue rezando después del rosario en muchos lugares.

Para conmemorar el centenario de esta encíclica, el Papa Juan Pablo II ha promulgado una nueva exhortación apostólica sobre San José. Su título es Redemptoris Custos (el Custodio del Redentor) y lleva la fecha precisa del 15 de agosto de 1989. Junto con su primera encíclica en 1979, Redentor Ominís (el Redentor del hombre), y la de 1987, Redemptoris Mater (la Madre del Redentor), este documento nos da una enseñanza autoritativa sobre los tres miembros de la Sagrada Familia y sus papeles en el misterio de la redención. Naturalmente Jesús es el único Salvador del mundo, pero Dios invita a María y a José a participar muy de cerca en este misterio. Veamos algo sobre los seis capítulos de la exhortación.


I. El marco evangélico

Durante el tiempo en que María y José están desposados y todavía no han empezado a convivir como esposos, llega el anuncio de la encarnaci6n virginal de Jesús. Mientras el Evangelio de Lucas nos relata la anunciaci6n a la Virgen María, el primer capítulo de Mateo nos presenta de forma parecida el anuncio a San José.

El mensajero se dirige a José como el "esposo de María", confiándo1e la tarea de imponer el nombre de "Jesús" al niño y de actuar como su padre terreno. Al despertar del sueño, José hizo lo que el ángel le mand6, tomando consigo a su mujer. En esto demuestra una disponibilidad de vo1untad semejante a la de María.


II. El depositario del misterio de Dios

Las palabras de Isabel a María: "Feliz la que ha creído" se pueden aplicar en cierto sentido también a José. Lo que hizo en responder afirmativamente a la Palabra de Dios, le uni6 en modo particularísimo a la fe de María. José es el primero en participar de la fe de la madre de Dios y también en sostener a su esposa en esa fe. Junto con ella el es el primer depositario del misterio escondido desde los siglos en Dios. Por eso el Papa Juan XXIII estableci6 que en la primera oraci6n eucarística de la Misa, memorial perpetuo de la redenci6n, se incluyera su nombre junto al de María, y antes del de los apósto1es, papas y mártires.

Mientras afirman claramente la virginidad del matrimonio de José y María, no por eso dudan en llamarlos esposos. Aunque único, este matrimonio es completamente auténtico, y de este hecho resulta que José es verdaderamente padre de Jesús, como lo llama el Evangelio y la misma virgen María. Jesús no nace de la semilla de José, y sin embargo su genealogía se anuncia por la línea de José, el esposo de María. José ejerce su autoridad paterna desde el principio dándole el nombre de Jesús al hijo de María. Los primeros misterios de la salvación se confían a la fiel custodia de José, quien sirve directamente a la persona y a la misión de Jesús, mostrándole todo el amor y afecto que el corazón de un padre pueda conocer. Esta Sagrada Familia es modelo y ejemplo para toda familia cristiana en su misión de custodiar, revelar y comunicar el amor de Cristo. De esta familia en que vive el Hijo de Dios, toda familia aprende su vocación de ser una pequeña iglesia.

Dirigiéndose a Belén para el censo, José inscribe al salvador del mundo en el registro con el nombre de "Jesús, hijo de José de Nazaret." En la noche de Belén José tiene el privilegio de ver con sus ojos el nacimiento del Hijo de Dios, y después también es testigo con María de la adoración de los pastores y luego de los magos. José ejercita el derecho y deber religioso del padre al circuncidar al niño, quien cumple plenamente la antigua alianza con Abraham, de la cual la circuncisión era signo. AI imponer el nombre de Jesús en esta ceremonia, José declara su paternidad legal y a la vez proclama la misión salvadora de su hijo. Cumple con otro deber del padre al presentarlo en el templo, obedeciendo la ley del rescate del primogénito, aunque Jesús es el autor mismo del rescate.

Para proteger al niño de Herodes, quien lo quiere matar, José toma su familia y huye a Egipto. Al regresar a Nazaret después de la muerte de Herodes, José coopera en el misterio de la Nueva Alianza de modo que se recuerda la Antigua, cuando Israel fue liberado de la esclavitud en Egipto.

Sigue un largo plazo de vida escondida en el hogar de Nazaret. José tiene la alta misión de alimentar, vestir e instruir a Jesús, quien crece en sabiduría, edad y gracia bajo su cuidado. Durante este tiempo Jesús sencillamente vive sujeto a José y María, santificando la vida de familia y la vida de trabajo. Un solo episodio se conserva de este período. Cuando Jesús tenía doce años, van a celebrar la Pascua de Jerusalén. AI perderlo y encontrarlo después de tres días, María le hace saber cómo ella y su padre habían estado preocupados. Jesús responde preguntando: "¿No sabían que yo debía ocuparme en las cosas de mi Padre?” Esta respuesta reafirma lo que José había sabido doce años antes: al actuar como padre humano de Jesús, era depositario del misterio del Hijo del Padre eterno.

III. El Varón Justo -el esposo

Desde el momento en que José recibió su misión de tomar por esposa a la Madre de Dios, hizo lo que el ángel le mandó. Este fue el comienzo de una larga vida de permanecer fiel a la llamada de Dios hasta el final. Aunque el evangelio no cita sus palabras, su propio silencio habla con elocuencia la verdad que hay en llamarle el justo. Tiene todas las características humanas necesarias para ser buen esposo de María.

Antes del anuncio del ángel ya habían realizado la primera de las dos etapas del matrimonio hebreo, la ceremonia legal. Ya eran esposos, pero estaban en el período de preparar la segunda etapa de empezar a convivir en la misma casa, cuando intervino la anunciación que también llamaba a María a permanecer virgen. Sigue el mensaje dirigido a José como esposo de la Virgen. El hombre justo recibe su propia vocación de seguir con su compromiso de amarla como esposa pero de forma virginal.

Cuando José aceptó la invitación del ángel, su amor de hombre justo fue regenerado por el Espíritu Santo. El amor de Dios obraba en la íntima comunión espiritual de alianza entre estos esposos. Mediante el sacrificio total de sí mismo, José junto con María simboliza el misterio de la Iglesia, virgen y esposa. Por el lazo conyugal José se acerca más que ningún otro a la sublime dignidad sin par de la Virgen. El vínculo de caridad que constituyó la vida de la Sagrada Familia la hace digna de profunda veneración.


IV. El trabajo - expresión del amor

El título de "carpintero" abarca toda la vida de José. El trabajo es un modo diario en que expresa su amor a la Familia de Nazaret. Jesús da ejemplo de obediencia participando en el trabajo de José y llegando a ser conocido como el "hijo del carpintero." El l ro de mayo se celebra la fiesta de San José Obrero. Jesús ha redimido el trabajo. La laboriosidad es una virtud por la cual el ser humano puede participar en la obra de Dios, Creador y Redentor, puede hacerse en cierto sentido más humano, y puede profundizar en la amistad con Cristo. San José nos enseña a santificar la vida diaria, elevando a Cristo las obras comunes, humildes y sencillas.

V. El primado de la vida Interior

También el trabajo de José está envuelto en el mismo clima de silencio que indica una profunda vida interior. José vivía en contacto diario con el misterio, y la gran contemplativa, Santa Teresa de Jesús, promovió la devoción a él corno modelo de contemplación. Su insondable vida interior era el fundamento de su sacrificio total de sí en sumisión a Dios y disponibilidad para su servicio. Al vivir en comunión con Jesús, María y José fueron los primeros beneficiados por el amor salvífico que todas sus acciones irradiaban. San José unió perfectamente la contemplación y la acción, el amor directo a Cristo, la verdad y el amor expresado en servicio activo al niño.


VI. Patrono de la Iglesia de nuestro tiempo

En tiempos difíciles para la Iglesia, el Papa Pío IX en 1870 la puso bajo la especial protección de San José, declarándolo "Patrono de la Iglesia Católica." En 1889 el Papa León XIII explicó que de igual modo que fue custodio, cabeza y defensor de la Familia de Nazaret, ahora es digno de proteger y defender a la Iglesia de Cristo. Las palabras de la oración de León hace cien años son aptas hoy: "Aleja de nosotros, oh padre amantísimo, este flagelo de errores y vicios... Asístenos propicio desde el cielo en esta lucha contra el poder de las tinieblas...; y como en otro tiempo libraste de la muerte la vida amenazada del niño Jesús, así ahora defiende a la santa Iglesia de Dios de las hostiles insidias y de toda adversidad."

En su empeño para evangelizar el mundo y reevangelizar a los países donde la vida cristiana florecía pero ahora es puesta a prueba, la Iglesia necesita un especial poder de lo alto. Ocupa la segura intercesión y ejemplo de San José. Es modelo de todo cristiano en su disponibilidad absoluta al servicio de Dios, su obediencia y fidelidad. Es patronos de esposos, padres de familia, trabajadores, contemplativos y apóstoles, de toda la Iglesia universal. Aprendamos de él la oración y el servicio a la misión salvífica de Cristo. José nos indica el camino de la Alianza a las puertas del tercer milenio.


martes, 7 de abril de 2009

VELAD Y ORAD

Mediante la oración vivo en TÍ, Señor.
Mi alma está en TI, como el niño en el seno de su madre
unido el aliento al suyo,
un corazón que late al ritmo del otro...
Señor Jesús, eres mi modelo.
El Evangelio te muestra en oración
Una noche entera en el monte.
Orabas antes de hacer un milagro,
antes de elegir a los apóstoles,
durante la Cena...
Orabas mientras de tu frente
caía sudor de sangre
en el huerto de Getsemaní,
mientras agonizabas en la cruz.
Orabas con la Palabra de Dios...
Tu existencia era una oración continua.
Pendiente del Padre, con un corazón amoroso,
entregado al servicio de su gloria:
"Santificado sea tu nombre,
venga tu reino".
Esperabas con ardor
que llegara tu hora
para realizar el sacrificio del amor.
Tú dijiste:
"Yo y el Padre somos una sola cosa".
"Orad sin cansaros".
"Hago siempre lo que le agrada a mi Padre".
Así me haces comprender
que la oración incesante
es comunión con el Padre
y, en la práctica,
orar consiste siempre
en hacer la voluntad del Padre
bajo la acción del Espíritu Santo.





Cardenal Nguyen van Thuan

“Testigos de Esperanza”

lunes, 30 de marzo de 2009

El Beato Antonio Chevrier escribió...



No dejes de repasar

dans la mémoire du coeur

en la memoria del corazón

ces grands mystères de notre Seigneur

los grandes misterios de nuestro Señor:

la crèche, le calvaire, le tabernacle

EL PESEBRE, EL CRUCIFIJO, EL SAGRARIO

Dans la crèche

En EL PESEBRE

vous apprendrez à vous détacher de tout

se aprende a desprenderse de todo

et à vivre dans la pauvreté

y vivir en la pobreza

et l'oubli du monde et des choses de la terre.

a olvidar el mundo y las cosas de la tierra.

Sur le calvaire

En el CALVARIO,

vous apprendrez à souffrir

se aprender a sufrir,

à faire pénitence et à mourir à vous-même

a hacer penitencia y morir a sí mismo:

souffrir et mourir avec Notre Seigneur.

sufrir y morir con nuestro Señor.

Dans le tabernacle

En el SAGRARIO

vous apprendrez à connaître

usted aprenderá

la grande charité de Notre Seigneur

el gran amor de Nuestro Señor

qui donne son corps, son âme, sa divinité

que da su cuerpo, su alma, su divinidad,

et vous apprendrez à aimer vos frères

y en El se aprende a amar a sus hermanos

et à vous sacrifier pour eux

y al sacrificio para ellos

comme pour Jésus-Christ

como Jesucristo.

ENTONCES SE ES CRISTIANO, REALMENTE CRISTIANO, CUANDO UNO ES Y SE HACE:

PESEBRE-CRUZ- EUCARISTÍA

Magníficamente, tiempo después - el Beato Antonio Chevrier, fue contemporáneo del Santo Cura de Ars - nuestra “TIA TERE” (SANTA TERESA DEL NIÑO JESÚS Y DE LA SANTA FAZ) sintetiza todo aquello en:

“¡OH, JESÚS, AMOR MÍO, HE ENCONTRADO AL FIN MI VOCACIÓN!

¡MI VOCACIÓN ES EL AMOR!…

SÍ, HE ENCONTRADO MI PUESTO EN LA IGLESIA Y ESE PUESTO, DIOS MÍO, ERES TÚ QUIEN ME LO HA DADO.

EN EL CORAZÓN DE LA IGLESIA, MI MADRE, YO SERÉ EL AMOR.

Así lo seré todo ¡¡¡ Así mi sueño se verá realizado!!!” (Manuscrito B, 3 v).

Entonces, mi querido Hermano: los madrugadores deberíamos sentir como un imperativo amoroso:

“MADRUGADORES:

ADSUM!

PESEBRES – CRUZ – EUCARISTIA:

EN EL CORAZÓN DE LA IGLESIA SOMOS EL AMOR”


Quizás sería bueno recordar que AMOR es una palabra no pasada de moda, sino que Dios mismo se identifica con Él… nosotros podríamos traducirlo como lo hiciera San Alberto Hurtado:

"LA FE EN ACCIÓN ES AMOR

Y

EL AMOR EN ACCIÓN ES SERVICIO"

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